Estudiantes de psicología

Meterse en la cabeza de una estudiante de psicología es tanto como querer encontrar en santo grial en la casa de la suegra. Es una tarea digna de Indiana Jones o Mario Bros.
Un trabajo arduo de plomería de primer grado. Meterse en las entrañables venas que transportan la sangre hacia esa cabeza pensante y analizadora de situaciones, emociones, reacciónes, etc, etc, etc.

Son el rugido temible del león. Son la sal en las heridas, son el buddah de Dios. Las estudiantes de psicología tienen su extraño sentido de la orientación. Son como una brújula que cuyo polo magnético siempre se orienta hacia aquel ser pacífico, solitario o simplemente medio bohemio fumador de escasos gramos de marihuana al año.

Este ser por lo general se matiene completamente emergido en su madriguera hasta que esta cazadora dementes por analizar aparece y le tira sus garras encima.
Tal vez, caminan por las atransitadas calles de la ciudad sin penas ni gloras como dice la canción. Una condición sin igual. Sos ojos, como los de una fiera en celo archivan miles y miles de rostros por doquier.
Su dogma, es la discusión. Analizan, muestran su experiencia. Tienen, tienen, tienen…, que mostrar que son estudiantes de psicología.

La gran parte de las estudiantes de psicología son fácilmente identificables. Hippies, bohemias o conchetas, de cabelleras abultadas, veganas y fumadoras de sahumerios chinos. Se las encuentra principalmente encerradas en sus departamentos estudiando las teorías sobre el comportamiento humano y a veces animal, el cual las degenera un poco y lleva a que su brújula confunda las colas de las piernas, en especial cuando llegaron a la teoría del condicionamiento por el sádico ilustre de la segunda guerra mundial llamado Paslov.

Las estudiantes de psicología en su gran medida son mujeres apasionadas, que por lo general tuvieron algún hecho extraño en su vida pasada. Tal vez, avistamientos de ovnis, encuentros del tercer tipo, intentos de suicidio por parte de algún familiar, o cualquier tipo de problema que un ser humano convencional suele tener y que individualmente les chupa un huevo.
Pero el problema con este tipo de especies analizadoras de mentes es su pasión por la crítica y las demostraciones de conocimientos sobre otros.
Pero por qué eso? Si bien la respuesta es algo abstracta y sin sentido alguno me tiendo a inclinar por sus episodios pasados.

La mayoría ingresa a la carrera para poder entender sus problemas del pasado, para poder encontrar “muy tarde” una cara para aquellos males que las han atormentado tanto tiempo, para luego darse de cuenta de cuán boludas fueron y cuantos sahumerios desperdiciaron.

Temas que transbordan las realidades existentes suelen ser sus mejores armas para criticar a sus contrapartes. Los interlocutores les temen. Hacia donde van, son fáciles de reconocer.
Son las cazadoras cazadas.

La vida de una estudiante de psicología no es fácil, a donde suelen ir suelen tener conflictos. Suelen presenciar los peores males existentes de las sociedades humanas y éstos mismos son los reservorios de sus más extraños pensamientos.

Tengan miedo lectores, están en todas partes.

También nos solemos encontrar a estudiantes de antropología, pero entre una fogata y un poco de absenta los mantenemos alejados de nuestro líbido.

Pero las estudiantes de psicología están en todas partes, en las escuelas, en las universidades, en las verdulerías, en las bibliotecas, en las farmacias, en las atariadas calles de la gran urbe, en los cines, en los lavaderos automáticos, en Carrefour.

Caroline es una apasionada estudiante de psicología, su cruel estadía en este mundo es como el confinamiento solitario de un gato junto a una cucha de perro. Sus garras suenan en la madera como la peor sonata mexicana.

Caroline se encuentra en Carrefour comprando escasos artículos para el cuidado femenino y una que otra lata de contenido dudoso.

Caroline nos hace partícipes de sus aventuras psicodélicas. Caroline es un personaje ficticio querido lector, es más bien una inventiva completamente sincronizada con la realidad tiempo-espacio. La cual entra muy bien en la siguiente historia.

Caroline, con cierta tonada francesa que se cruza en nuestras lenguas al querer pronunciar su hermoso nombre es la protagonista de nuestras pesadillas, aquellas en las cuales solo se hacen presentes una turba enardecida de estudiantes de psicología dentro de un supermercado de precios módicos.

Las cajeras de aquel rectángulo con góndolas y mucho merchandising de colores sienten que las garras de Caroline pronto tocaran sus quirúrgicos corazones estrellados.
Las cajeras son mujeres con una intensa humanidad y una fuerte tendencia a “todo me chupa un huevo” pero sus miedios más profundos están a punto de crecer y crecer hasta convertirse en las peores pesadillas en las que una estudiante de psicología puede llevar.

Su presencia desborda realidad, Caroline, comprando arvejas y pepinillos en vinagre no pasa desadvertida por las góndolas de aquel super.
Las cajeras, en fin, en super queda desolado. Aquella estudiante de pepsicología no entiende lo que pasa, o tal vez su brújula está descompuesta. Ella quiere analizar a alguien pero aún así, en aquel gran depósito se encuentra sola. Todos se han ido. Los gerentes inventaros almuerzo inexistentes, las cajeras recibieron dudosos llamados de algún familiar en apuros, solo queda Caroline y un valiente guardia de seguridad cuya insignia en la manga de su traje dice Halcón Seguridad, Brujula Seguridad o simplemente Seguridad. Aquel valiente paisano, temerosamente saca su gas pimienta y lo mantiene apuntando en la dirección de Caroline junto a su carrito cuyas ruedas rechinan cada vez que recurre más de un metro.

Pero no todos le temen a Caroline, no, no. Dentro de esta discordia existe alguien inmune a sus efectos laxantes. Es la asistente ocupacional, la encargada en RRHH (recursos humanos) que por casualidad se encontraba ahí. Ella es la que asume el riesgo, se pone el delantal y sin previo aviso invita a Caroline a que pase por la Caja rápida 2, para menos de 10 artículos. Ella es la encargada de chekear los presuntuosos artículos de Caroline que se componen en una razonable cantidad de tampones, toallitas Allways, arvejas, picles y coca cola zero.

Caroline sale por la puerta y automáticamente el supermercado vuelve a llenarse de gente.
Su brújula tal vez esté descompuesta, tal vez hoy no fue su día de suerte, o tal vez fue solo un sueño en el cual se hizo difícil despertar.

Querido lector, ante usted me confieso que esta breve historia no es más que una perfecta sincronía entre una historia irreal y una risible reseña de las dichosas estudiantes de psicología. No he señalado a los estudiantes de psicología pues no tengo memoria alguna de ellos.

Saludos pues.

La historia anterior es puramente una fantasía de este humilde escritor, cualquier hecho que se asemeje a la realidad es pura y mera conincidencia. 

Renzo Rubén Anconetani

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s