Flor de Cita

La invité a cenar a un fino restorante de comida étnica. Entre risas a sotovoz y catarro con tos se pidió unos fideos con manteca.
Estaba buena, pero qué hueca era.
Esos fideos con manteca me dieron la impresión de que no tenía paladar. Tenía paladrar.
Pero todo eso me importaba un bledo, como todo hombre soy superficial y estoy feliz con este complejo. A parte yo solo tenía una misión aquella noche.

Las luces comenzaban a dificultar la vista. O tal vez era el porro que me fumé en el baño. Fue muy curioso, para apaciguar las aguas y sanar mis oídos unos momentos de aquel baruyo étnico lleno de gitanos y esta chica de cabello abultado con la cual decidí salir aquella noche, me excusé como todo un caballero para ir a cagar. Pero en el baño había gordito fumando porro y me convidó un poco. Viste como es eso. Se convida y no se dice que no.

-Calma, no se ofusque amigo. -Le dije al gordito, yo le ayudo con su caña.

Y así fue como conocí al gordito. Gracias a él, la noche fue más apacible de como me la esperaba.

De vuelta en la mesa, la pelotuda esta me contó con esmero e ilustración sus alocadas salidas para ver a Cumbio. Su idola/lo (quién carajo sabe)…
Los palitos de pan que te dan para entretenerte mientras esperás los platos ya habían desaparecido. Primero los usé de palitos de batería, para matar el tiempo. Después, partí algunos como si partiera las cuerdas vocales de la boluda esta. Después, en una suerte de gran imaginación, soñe despierto clavarle cada palito en la cara.

Calma lector, no es que sea asesino. Pero quién sabe…

La verdad es que estos palitos de pan quedaron en mi estómago junto a una bola de nervios a punto de reventar. Pero tenía que conservar la calma, la noche estaba en pañales y yo tenía ganas de cojer.

Esta chica, si bien era la representación bella y despiadada de la idiotez humana. Su belleza ganaba. Y ganaba de verdad…
Estuvimos horas charlando. No, mentira. Fueron 20 minutos, pero parecieron horas porque no paró de contar sus boludeces floggers/models.
Ella se llamaba Flor y vestía chupin fucsia, zapatillas pony con unas medias ralladas de muchos colores. Tantos que hasta un daltónico los reconocería uno por uno. De la parte de la cintura para arriba, la verdad no me acuerdo bien. Esas medias ralladas me volvieron loco. Pero no por tener un cierto fetichismo por las medias. Sinó por el olor a patas que tenía la boluda esta.

Radiohead sonaba en el ambiente, pero con la extraña mezcla de un grupo indú, ustedes se imaginará la fusión. Como cuando León se puso a tocar con Pibes Chorros. Pero más waso y bizarro. Y con olor a indú.

Admitamoslo muchachos. Nos importa muy poco lo que suene, lo que comamos, mientras no sea pene de toro, todo bien. (eso comen aunque no lo crean, en algunos países)
Lo que a mí me importaba aquella fría y extraña noche era cojerme a la flogger.

Tras el postre. Flancito con crema. Típico de la gastronomía Indú, sale la propuesta. Pero no por parte mía. Ella misma, no sé. Parece que se cansó de hablar. Pero me dijo que vayamos a su departamente.
Quedé atónito y con gusto a flan en mi boca. ¨Que rico flan¨

Como les decía, fuimos al auto, nos besamos esponjosa y delicadamente mientras franeleaba mi mano contra su chupín fucsia y bajaba su cierre lenta y pausadamente para mantener el climax al son de algun reggaeton expontaneo que tiró la frecuencia de la radio. Mataría a todos los de esa FM, pero ya no pensaba en eso. La exitación me segaba y mi otra cabeza comenzaba a surgir entre los matorrales linderos a mi boxer.

Pero sería muy aburrido terminarla ahí. Entonces puse primera, cambie la radio a algo más chillout y empredimos camino para su departamento.
Para que no hable tanto le subí a los parlantes y levanté el vidrio para que las motos con escape suelto interfieran con sus elongaciones vocales.
Dabamos vuelta por Rodriguez hacia Jujuy cuando dijo que ya habíamos llegado.

Frente al auto, una casa estilo colonial, típica de padres adinerados y malos vecinos, que no solo salen a pasear al perro. Sinó que también salen a chismosear lo que ocurrió horas antes con el vecino putanero y la pelea entre el chico del barcito de la esquina y Lorena, la que estaba buena. (rimó)… Pero ahora como que se le pasó el tren y ella todavía no cae.

Flor me dice que entremos y entramos. Flor, le digo y susurrandole al oído como todo un seductor que soy exclamo ansioso. Dónde está el baño nena, me estoy cagando. La comida de esos indios de mierda me cayó para el culo.
Error, que gran error. Nunca vayas a comer comida indú en una cita. Es de seductor y sofisticado, pero si sos flojo de vientre te sale por el culo como fuego del Dios del fuego.

Ahí en el baño, leyendo el prospecto del shampoo head and shoulders incursioné en un estado tantrico y de meditación pura. O tal vez fue que estaba hipoglucémico por tanta materia fecal cagada. Quién sabe, pero esto me iluminó. Y salí, despues de limpiarme el culo con el videt, para no dejar olor. Salí como todo un champión!

Flor me esperaba en su habitación, sus padres no estaban. Flor era una flor de puta porque me agarro de los pelos, me jaloneó rápido y me cogió con todo.

Aquella madrugada salí por la puerta mientras ella se despedía y yo me despedaba silenciosamente.

Fin.

Un final distinto, una historia dispersada. Quién sabe… Espero les guste.

Renzo Rubén Anconetani

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